sábado, 15 de julio de 2017

Writing's on the Wall | Capítulo 9


Buenas tardes bollitos tiernos, ¿cómo estáis?
Acabo de ver la fecha del último capítulo publicado de este FanFic y me avergüenza decir que pasó un largo tiempo, lo siento —se esconde—.

¡Disfrutadlo!

Capítulo 8 | Capítulo 9 | Capítulo 10 (Próximamente)

Si quieres leer dale a...

CAPÍTULO 9

La persona que estuvo llamando a la puerta con tanta insistencia no era otra que Jangmi, la cual se dejó la voz chillando cuando Shinhye se le abalanzó encima, golpeándola. La menor no podía evitar seguir temblando de miedo, ya que juraría que por un momento los ojos de la contraria parecían inyectados en sangre a tal punto que iban a explotar. No podría sacarse esa imagen de la cabeza en días.

   —Menudo espíritu navideño tienes…— la menor acabó con un corte en la ceja tras golpear con la cabeza en uno de los escalones de piedra de la entrada; a raíz de la sangre que salió con rapidez, Chadol comenzó a llorar.
            —Lo siento, estoy un poco alterada, recibí una llamada que no me gustó y…— las manos de Shinhye temblaban mientras pasaba hilo y aguja por la ceja de la muchacha.
            —Estás muy pálida—.
            —Me asusté tanto…—.
            —¿Pero qué pasó? ¡Ay!— Shinhye tiró ligeramente del hilo para poder atarlo, limpiando luego la sangre del rostro contrario.
            —Alguien me amenazó, quieren hacerle daño a Chadol—.
            —¿Quién?—.
            —Creo que puedo imaginármelo—.
            —¿Ese hombre que golpeó a Jinmyung?—.
            —Probablemente, esa gente es capaz de todo…—.
            —Noona— el pequeño le alargó la caja envuelta en papel de colores que llevaba su nombre —feliz navidad—.
            —Vaya, ¿qué será?— la mujer se hizo la sorprendida mientras desenvolvía el regalo y sonrió cuando se encontró con una bufanda hecha con distintos tonos de azul, además de tener su nombre grabado en uno de los bordes —¿cómo sabía Santa que quería una bufanda?—.
            —¡Santa lo sabe todo!— chilló Chadol jugando con uno de sus juguetes nuevos.

Cuando Shinhye iba a tomar el turno de palabra alguien tocó el timbre. La doctora le preguntó a su compañera de trabajo si había venido con alguien más pero su respuesta fue negativa, por lo que la mujer volvió a preparar sus puños en caso de que esta vez no fuera una falsa alarma. Al abrir, se encontró con un señor trajeado, alto y moreno, un poco canoso de raíces y con gafas de sol, a su lado estaba Taeyeon un poco cabizbaja. Tras esas dos figuras, había un coche negro con el motor encendido esperando justo delante de la valla que prohibía la entrada al jardín, y un par de hombres trajeados con ambas manos frente a sus cuerpos y los talones juntos. La castaña no sabía cómo reaccionar a aquella inesperada visita.

   —¿Taeyeon?— la rubia no dijo nada, sin embargo el señor que la acompañaba le entregó una tarjeta a Shinhye y esta la tomó, leyendo y releyendo el nombre que había impresa en ella.
            —¿Señorita Park Shinhye?— la nombrada asintió —me llamo Byun Dongwok, y soy el tío paterno de Chadol. Vengo a buscar a mi sobrino para que viva conmigo, me gustaría tener su custodia—.

La mujer endureció su expresión y miró hacia atrás, viendo a Chadol a punto de estallar en lágrimas otra vez al tiempo que abrazaba fuerte un osito de peluche que Santa le había regalado. Jangmi abrazó al niño pero un ligero tintineo hizo que la atención de Shinhye regresara hacia el frente, parpadeando sorprendida y confusa al verse esposada.

   —Además de recuperar a mi sobrino, queda usted detenida como sospechosa por la muerte de Kim Jinmyung. Tiene el derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que diga puede y será usada en su contra en un tribunal de justicia. Tiene derecho a hablar con su abogado, si no puede pagárselo se le asignará uno de oficio. ¿Le han quedado claro los derechos previamente mencionados?—.
            —Sí— fue lo único que pudo salir de su boca, un escueto y silencioso sí.
            —¡Mamá!— Chadol gritó intentando alcanzar a su madre, pero su tío lo tomó con fuerza de la mano y se lo llevó hasta el coche negro que esperaba con el motor en marcha, sentándolo en la parte trasera del automóvil —¡Mamá, mamá!— Jangmi sintió que sus piernas fallaban, ¿qué clase de teatro era ese? ¿Shinhye sospechosa de asesinato? La joven doctora puso las manos en su cabeza y procuró respirar con profundidad, inhalando por la nariz, exhalando por la boca. Esa situación no era buena para su presión; más bien dicho, no era buena para nadie. El sudor frío propio de los nervios ya comenzaba a recorrer su nuca, provocándole un desagradable escalofrío.

Chadol abrió la puerta del coche y corrió hasta uno de los policías que mantenían agarrada a su madre, golpeándolo con sus pequeñas manos en una de sus piernas, como si aquello pudiera evitar que lo separaran de la mujer que había cuidado de él desde que se quedó sin padres.

   —¡Suelte a mi mamá, ella no ha hecho nada malo!— el policía lo alejó de él con un ligero empujón antes de tomar la cabeza de Shinhye y presionarla hacia abajo, obligándola a sentarse en el asiento posterior del coche patrulla. Al cerrar la puerta, activaron los seguros de esta, evitando así que el niño pudiera abrir y entrar —¡mamá, mamá vuelve!— lo único que pudo hacer Chadol fue golpear la puerta un par de veces antes de que Dongwok volviera a arrastrarlo con fuerza hasta su automóvil, esta vez asegurando al niño con el cinturón.

Jangmi vio como ambos coches se marchaban, sintiendo la impotencia crecer dentro de ella. Debería haberlo evitado… miró sus manos intentando buscar una solución escrita entre las líneas de sus palmas y suspiró, aguantando las ganas de llorar que iban acumulándose en sus ojos. Sus lacrimales picaban.

   —No es tiempo de desmoronarse ahora, Jangmi, cálmate— se dijo a sí misma, recogiendo la bufanda que le habían regalado y tomando otro de los paquetes que estaban sin abrir, procurando cerrar la puerta de la casa con la llave de repuesto que había escondida bajo una de las macetas de la entrada.

Por desgracia cuando la mujer llegó al hospital la noticia ya se había esparcido y todos hablaban de lo mala persona que era la doctora Park, la misma mujer que hasta ahora habían idolatrado.

   —Te he visto en las noticias junto a Shinhye— el doctor Kim se acercó hasta el pequeño despacho compartido de la joven y cerró la puerta —¿tu también estás metida en el lío del asesinato?—.
            —El asesinato es mentira, ella no ha matado a nadie y tú lo sabes, es más, ¿dónde estabas cuando se te necesitaba? Últimamente desapareces mucho y nos haces ir de puto culo a todos por tu culpa— Jangmi destacaba por ser una mujer tranquila, pero cuando alguien le tocaba la moral, su carácter cambiaba a uno agresivo y malhablado. Autodefensa lo llamaban algunos.
            —No estamos hablando de mí, sino de Shinhye, ya decía yo que esa violencia que usaba contra nosotros no era normal, esa mujer debe de estar loca. Yo ni siquiera sabía que tenía un hijo adoptado. ¿Qué te dije? Si hubiera aceptado mi propuesta de empezar una relación le habría dado hijos más hermosos que ese niño huérfano. ¿Esto que llevas en la ceja es cosa suya? ¿Te ha intentado matar a ti también?—.
            —Eres tan desagradable— la mujer deseaba poder alzar la mesa para chafarle la cabeza y hacerlo callar, pero Jangmi no era alguien que destacara por ser extremadamente fuerte, por lo que tuvo que aguantarse, dándole simplemente un golpe con su hombro al doctor Kim antes de irse —no creía que fueras así, das asco—.

• • •

Desde que había comenzado a salir con Adam, Hwayoung no había vuelto a poner los pies en el bloque de pisos donde se encontraba su estética. Sunhwa se había encargado de buscar a una sustituta, haciendo ella el trabajo que hacía la morena hasta que al fin alguien nuevo llegó. Hwayoung se sentía un poco celosa de que una persona que no conocía estuviera haciendo su trabajo, pero por otra parte estaba agradecida de que su ex-secretaria se hubiera espabilado en conseguir a alguien más para que el negocio no tuviera que cerrar. Tres años habían pasado desde aquello y hasta ahora no se había atrevido a regresar a su primer y único negocio.

Las noticias del arresto de Shinhye de alguna manera la afectaron, eso no era lo que ella quería, tanto escándalo solo le provocaba dolor de cabeza; además, iban a salir un montón de personas afectadas debido a su cabezonería y la idea no le gustaba. El hospital no tenía ninguna culpa, pero la prensa ya había puesto el dedo en la llaga y ahora era imposible de sacarlo sin hacer más daño todavía. ¿En qué lío se había metido? Pasó una de sus manos por su cabello, peinándolo hacia atrás. Con lentitud metió la llave en la cerradura de la puerta, percatándose de que solo tuvo que hacer una vuelta y no dos; parecía que alguien había entrado, o quizás Sunhwa se había olvidado de cerrar la puerta, como siempre. Hwayoung esbozó una suave sonrisa en los labios, cerrando la puerta tras de sí.

La decoración apenas había cambiado, los carteles seguían siendo los de ocho años atrás, algo descoloridos por el sol que se colaba a través de la ventana que había tras el mostrador de recepción. Los muebles se habían pelado ligeramente de los bordes, haciendo que la pintura blanca saltase y diera un aspecto demasiado descuidado, alguien debería darles una capa de color.

Un ruido hizo que Hwayoung apartara la mano de una de las estanterías, dejando el bote de crema donde estaba. El ruido parecía venir de la primera puerta a la derecha, por un momento pensó que se trataba de la ya conocida ventana que cerraba mal por culpa de haber sido colocada unos centímetros más a la izquierda, pero al abrir la puerta unos gemidos golpearon sus tímpanos, y del susto su mano se dirigió al interruptor para ver qué estaba pasando.

   —¿H-Hwayoung?— Sunhwa se apresuró a taparse con su ropa —¿q-qué haces aquí?—.
            —La pregunta es, qué haces tú aquí… con este hombre— la morena no era una santa pero si algo detestaba era que alguien se atreviera a usar su pequeño refugio como lugar para encuentros de ese estilo. Con la sangre subiendo a su cabeza se cruzó de brazos y esperó —confío en que me vas a dar una buena respuesta—.
            —¿La conoces?— el hombre se separó de la joven al tiempo que se vestía.
            —N-No es lo que parece—.
            —Ya, claro— Hwayoung miró al desconocido —vete antes de que llame a mis guardaespaldas, no quiero cruzarme nunca más contigo—.
            —Como diga su majestad— el hombre caminó hasta pararse frente a la puerta abierta, sonriendo —por cierto— con tranquilidad metió su mano en el bolsillo de sus pantalones y sacó un buen fajo de billetes, tirándoselos a Sunhwa —gracias por este buen rato, te llamaré pronto— acto seguido desapareció.
            —Tienes cinco minutos para explicarme lo que he visto antes de que llame a Taeyeon—.
            —No, a Taeyeon no por favor, no puedes hacerme esto—.
            —Entonces dime qué demonios hacías aquí con ese hombre. ¡Estás casada Sunhwa, le estás siendo infiel a la mujer que lo ha dado todo por ti!— la aludida bajó la cabeza, confundida, asustada y entristecida, sus manos temblaban entre la ropa arrugada —¿es que no te importa todo el esfuerzo que ha invertido Taeyeon para que no te falte de nada? ¿Sabes la suerte que tienes?—.
            —Lo siento…— tras bajar de la camilla y vestirse, la joven tapó rápidamente su rostro, evitando que las lágrimas bajaran por sus mejillas.
            —No es a mí a quien le debes disculpas— Hwayoung sacó su teléfono móvil y marcó el número de Taeyeon —no me dejas otra opción—.

• • •

Chadol no había parado de llorar desde que lo habían separado de su madre y su tío se estaba comenzando a mosquear. El hombre no tenía paciencia para nada, ni siquiera para sus negocios, y nadie le había dicho que tenía un sobrino llorón, por lo que cuando más se alejaban de la casa de Shinhye, más agudo y horrible era el llanto del crío.

   —Niño, calla ya— Dongwok se giró, sonriéndole de mala gana —no podrás dormir si no dejas de llorar—.
            —Quiero ver a mi mamá, ¡quiero bajar!—.
            —¡Pero bueno! ¿Ya está bien, no? ¡¿Piensas callarte?! Tu madre se pudrirá en una celda y a partir de hoy dejarás ese estúpido apellido y volverás a llamarte Byun Chadol, ¿entendido?— el niño calló, temblando de miedo —ahora te portarás bien con la señorita Jun y vas a hacer lo que ella te diga, ¿de acuerdo?— Chadol no contestó.

Dongwok vivía en la otra punta de Seúl, en la salida norte; su casa estaba rodeada por una enorme valla negra acabada en punta y un jardín que carecía de flores y árboles, simplemente había césped amarillo por todas partes, monótono, corto, áspero y muy seco. Un perro con cara de pocos amigos descansaba en el lateral donde había sombra, mientras que la puerta estaba custodiada por dos hombres de negro. Dongwok llevaba a Chadol prácticamente a rastras, apretándole la muñeca con fuerza para que no pudiera escapar. El niño dejó de forcejear en cuanto vio que era inútil resistirse, y que cuando más intentase huir, más doloroso sería el agarre de su tío.

   —Avise a la señorita Jun, que venga a mi despacho— uno de los hombres de negro asintió y entró en la casa; Chadol lo perdió de vista cuando este giró a la derecha. El niño seguía temblando, abrazando con fuerza a su peluche al tiempo que comenzaba a llorar de nuevo —por Dios, deja de bramar, pareces una cabra—.

Ambos esperaron en el despacho del señor hasta que una mujer de unos treinta años apareció por la puerta.

   —¿Me ha llamado?—.
            —Ah, señorita Jun, cuánto tiempo sin verla—.
            —Se despidió de mi hace dos horas, señor— la mujer sonrió, cerrando la puerta y acercándose con cierta curiosidad al niño —¿quién es él?—.
            —Él es mi sobrino, Byun Chadol—.
            —Hola Chadol— la mujer se arrodilló a su altura, acariciándole los cabellos.
            —Quiero que se encargue de él—.
            —Sabe que no trato con niños—.
            —Bueno, al menos haga que deje de llorar, mi cabeza explotará por su culpa—.
            —Vámonos Chadol, el señor viejo no quiere la compañía de nadie— Dongwok estuvo a punto de levantarse y gritar, pero las palabras de la mujer habían hecho sonreír al niño, y era mejor eso que seguir escuchando como se dejaba la voz llorando.

• • •

Nada más llegar a comisaria, Shinhye comenzó a reclamar ya que parecía que la cortesía no existía en el diccionario de esa gente.

   —Taeyeon— la mujer reclamó, mirando a la que una vez consideró su amiga —explícame qué está pasando, al menos ayúdame a entender por qué estoy esposada—.
            —Una persona puso una denuncia contra ti por un supuesto asesinato que cometiste en el hospital en el que trabajas. La víctima es Kim Jinmyung, ¿me equivoco?—.
            —¡Yo no he matado a nadie!—.
            —Explícate, y hazlo rápido. Me esperan en otro lugar—.
            —¡Fue un maldito accidente!—.
            —¿Puedes describir el accidente?—.
            —Mis manos temblaron mucho en ese momento… no sé qué pasó. Cuando me di cuenta estaba salpicada de sangre por todas partes y el corazón de Jinmyung había dejado de latir, no hubo manera de reanimarla…—.
            —¿Admites que te quedaste en trance?—.
            —Juro que no sé qué me pasó. Nunca había sentido temblores en las manos…— Shinhye se las miró, abriéndolas y cerrándolas en puño como si aquello pudiera ayudarla a entender qué hizo que sintiera miedo —yo no quise…—.

El tintineo de las esposas se camuflaba entre los fuertes golpes al teclado que el policía de turno daba para escribir la declaración de la mujer. Shinhye estaba realmente asustada; donde menos esperaba verse era en una comisaría de policía como principal sospechosa de una supuesta muerte premeditada. No hacía falta ser muy listo para saber quién la había denunciado, y si no fuera porque ella era una mujer que solo usaba la violencia en casos de extrema necesidad, ya estaría golpeando con una piedra la cabeza de Hwayoung hasta abrírsela en dos.

No entendía cómo una persona con la que antaño compartieron tantas cosas se había tornado tan fría e insensible. Shinhye sabía que a la menor tuvieron que hacerle un trasplante de corazón, pero aquél carácter extraño no era de la operación, ni de los posteriores años viviendo con un órgano ajeno, no, aquél cambio se debía a alguien que la había estado manipulando hasta el punto de hacerla detestable a los ojos de cualquiera. Todo era debido a la convivencia con una persona tóxica: Adam, aquél hombre feo y violento que tenía la sonrisa más detestable del mundo y apestaba a colonia barata.

Si Adam había golpeado a Jinmyung sin ningún tipo de miramiento frente a todas las personas que estaban en el hospital en ese momento, ¿quién no le decía a Shinhye que ese hombre estaría pegando ahora mismo a su prometida? La mujer chasqueó la lengua, sentándose al suelo cuando la encerraron en una celda provisional. Estaba sola y el lugar era bastante espacioso para una sola persona, pero tenía frío e iba descalza. El hombre que escribió en el viejo ordenador su primera declaración, le coló entre los barrotes una manta gastada para que se tapara; era gris con una franja roja en la parte inferior y tenía un olor extraño, algo parecido a un conjunto de personas malolientes mezcladas con alcohol. A saber cuánta gente había usado eso para para arroparse.

   —Gracias— susurró. El hombre no le respondió.

No hay comentarios:

Publicar un comentario